Dolor localizado, molestias al caminar, engrosamiento de la piel. Los callos en los pies y en los dedos son motivos frecuentes de consulta en el mostrador. Aunque los pacientes suelen restarles importancia, son sin embargo el reflejo de un conflicto mecánico repetido: roces dentro del calzado, presiones excesivas, deformaciones del pie, hallux valgus, dedos en garra o incluso el uso de calzado inadecuado.
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Los callos se forman cuando la piel intenta protegerse de una presión excesiva. Suelen aparecer en la parte superior de los dedos de los pies, entre dos dedos o debajo de la parte delantera del pie. En algunos pacientes, especialmente en personas diabéticas, deportistas, de edad avanzada o con problemas de apoyo, un simple dolor puede convertirse rápidamente en un verdadero obstáculo para la movilidad.
La prevención se basa, ante todo, en elegir un calzado adecuado, lo suficientemente ancho y que no ejerza una compresión excesiva. También es fundamental hidratar el pie con regularidad, vigilar las zonas de apoyo y acudir a un profesional en caso de dolor persistente. Pero cuando el callo reaparece a pesar de los cuidados locales, la causa suele ser mecánica: ya no basta con tratar la piel, hay que corregir el apoyo.
Es aquí donde las plantillas ortopédicas cobran todo su sentido. Fabricadas tras un examen podológico, permiten distribuir mejor la presión, limitar las fricciones y aliviar las zonas de presión excesiva responsables de los callos recurrentes.
Para la farmacia, este tema supone una oportunidad concreta de asesoramiento y fidelización. Con Vistapod, el farmacéutico puede ofrecer una evaluación podológica sencilla, orientar a los pacientes hacia una solución personalizada y desarrollar un servicio de gran valor añadido. Una respuesta útil para el paciente y una fuente de ingresos adicional para la farmacia.
