Aunque los pies están sometidos a un gran esfuerzo durante todo el día, rara vez se tienen en cuenta en las medidas preventivas cotidianas. Caminar durante mucho tiempo, estar de pie, llevar calzado inadecuado, las fricciones o los apoyos desequilibrados pueden provocar dolores, irritaciones, callos, durezas o sensación de cansancio. Una rutina sencilla, que se realiza por la noche, permite mantener mejor el bienestar de los pies e identificar antes ciertos signos de alerta.
Dolor localizado, molestias al caminar, engrosamiento de la piel. Los callos en los pies y en los dedos son motivos frecuentes de consulta en el mostrador. Aunque los pacientes suelen restarles importancia, son sin embargo el reflejo de un conflicto mecánico repetido: roces dentro del calzado, presiones excesivas, deformaciones del pie, hallux valgus, dedos en garra o incluso el uso de calzado inadecuado.
Las sandalias, las chanclas, las largas caminatas durante las vacaciones, el pisar con fuerza en las terrazas o la reanudación de la actividad física: el verano modifica los hábitos al caminar. Aunque no siempre provocan un dolor inmediato, estos cambios pueden alterar el apoyo del pie y poner de manifiesto molestias que hasta entonces pasaban desapercibidas: fatiga plantar, dolor en el talón, tensión en las pantorrillas, sensibilidad en las rodillas o lumbalgia.
Caminar durante mucho tiempo, estar de pie, llevar calzado inadecuado, practicar deporte, pisar con fuerza en el trabajo… Nuestros hábitos cotidianos tienen un impacto directo en las plantas de los pies. A la larga, estas tensiones repetidas pueden provocar dolores en los pies, las rodillas y la espalda, o incluso fatiga muscular persistente. Para los pacientes, acudir a la farmacia suele ser, a menudo, el primer paso.
Senderismo, visitas turísticas, jornadas de pie, sandalias y la reanudación de la actividad deportiva: al acercarse las vacaciones, los pies se ven sometidos a un mayor esfuerzo. No hay que restar importancia a un dolor en el talón, una molestia al caminar o un cansancio inusual. Detrás de estas señales puede esconderse una mala distribución del peso o un desequilibrio que conviene investigar.
Aunque durante mucho tiempo se han asociado a las personas mayores o a enfermedades graves, las plantillas ortopédicas son, en realidad, adecuadas para todas las edades. Niños con problemas para caminar, adolescentes deportistas propensos a sufrir dolores de rodilla, adultos activos con lumbalgia, mujeres embarazadas con dolor en la planta del pie, personas mayores con pérdida de estabilidad: las necesidades son muchas y, a menudo, pasan desapercibidas.
