
Llevar chanclas todo el verano es una costumbre muy extendida: son fáciles de poner, ligeras, transpirables… es difícil resistirse a ellas. Sin embargo, este calzado veraniego puede tener efectos indeseables.
La comodidad... a costa de la sujeción
· Las chanclas no ofrecen ninguna sujeción al arco del pie, lo que puede provocar dolor en el talón, fatiga muscular e incluso problemas en las rodillas, las caderas o la espalda.
· Si se llevan durante largos periodos de tiempo o todo el día, pueden agravar estos desequilibrios posturales.
Una protección prácticamente inexistente
· En caso de caída, golpe o pisar un objeto punzante, la suela fina no ofrece protección. El riesgo de sufrir cortes, heridas o esguinces es real.
· En el caso de las personas diabéticas, estas lesiones pueden ser más graves: un pequeño traumatismo mal tratado puede derivar en complicaciones graves.
Un proceso interrumpido
· El pie intenta compensar la falta de agarre agarrándose a la suela con cada paso, lo que altera la marcha. El resultado: tensión en los tendones (especialmente en el de Aquiles), dolores musculares y mayor fatiga.
Cómo llevar bien las chanclas: guía práctica
· Moderación ante todo: resérvalos para momentos concretos, como la playa, la piscina o salidas muy breves.
· Alterna el calzado: para cuidar tus pies y tu postura, alterna con zapatos cerrados, bien ajustados y provistos de plantillas ortopédicas.
Encuentra la farmacia más cercana a tu domicilio que cuente con Vistapod descargando la aplicación Vistapod.
www.vistapod.eu/link
