
Las plantillas ortopédicas están diseñadas para aliviar, corregir y prevenir los dolores relacionados con la postura o al caminar. Pero, como cualquier dispositivo sanitario, requieren un mínimo de cuidado, sobre todo en verano, cuando se multiplican las salidas a la playa.
A primera vista, caminar descalzo por la arena parece beneficioso: es agradable, natural y fortalece los pies. Sin embargo, si llevas plantillas ortopédicas en tus zapatos abiertos, sandalias o zapatillas en la playa, ¡ten cuidado!
· La arena se cuela por todas partes: se mete fácilmente entre la suela y el pie, o entre la suela y el calzado.
· Actúa como un abrasivo: al caminar, los granos rozan y desgastan los materiales, sobre todo los de espuma o corcho.
· Retiene la humedad: al mezclarse con el agua del mar, la arena acelera el deterioro de las suelas (desprendimiento, deformación, malos olores...).
· Es mejor que elijas un par de zapatos específicos para la playa, sin plantillas ortopédicas.
· Si no tiene más remedio que caminar con las plantillas puestas (por ejemplo, en caso de dolor o de tratamiento postural), limite al mínimo la exposición a la arena (por ejemplo, desde el coche hasta la toalla).
· Guárdalas en una bolsa hermética, protegidas de la arena y la humedad.
· Nunca los dejes tirados en una bolsa de playa o en el fondo de una bolsa de la compra junto con toallas húmedas y crema solar.
· Si se ha metido arena, quítate con cuidado las plantillas y cepíllalas en seco.
· Si es necesario, límpielos con un paño húmedo, pero sin sumergirlos. Déjelos secar al aire libre, lejos de fuentes directas de calor (radiadores, sol intenso).
Las plantillas ortopédicas no toleran bien ni la arena ni el agua de mar. Pero, tomando algunas precauciones, es perfectamente posible protegerlas sin tener que renunciar a los placeres de la playa. Un buen cuidado prolonga su vida útil… y tu comodidad.
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