Cada 12 de agosto, el Día Internacional de la Juventud nos recuerda la importancia de apoyar a los jóvenes en lo que respecta a su salud y bienestar. La salud de los pies también merece una atención temprana: caminar, hacer deporte, llevar la mochila y las jornadas escolares prolongadas suponen una carga diaria para los pies.
En un momento en el que los pacientes se interesan cada vez más por el origen y la trazabilidad de los productos sanitarios, la proximidad se convierte en un auténtico criterio de elección. Las plantillas ortopédicas no son una excepción a esta expectativa.
El término «callosidad» se refiere a un engrosamiento de la capa superficial de la piel. Este mecanismo de defensa aparece como consecuencia de presiones o roces repetidos. Cuando este engrosamiento es excesivo, se habla de hiperqueratosis. Las callosidades son zonas más extensas, a menudo amarillentas y con contornos difusos. Se desarrollan principalmente en la parte delantera del pie, en los laterales o en el talón. Al principio son indoloras, pero pueden agrietarse y provocar dolor.
Visitas turísticas, paseos junto al mar, excursiones o jornadas en parques de atracciones: durante las vacaciones, el número de pasos suele aumentar sin que nos demos cuenta. Este cambio de ritmo, junto con el uso de sandalias o calzado a veces menos adecuado, supone un mayor esfuerzo para los pies. Por ello, pueden aparecer fatiga plantar, roces, dolores en el talón, las rodillas o la espalda.
Aunque los pies están sometidos a un gran esfuerzo durante todo el día, rara vez se tienen en cuenta en las medidas preventivas cotidianas. Caminar durante mucho tiempo, estar de pie, llevar calzado inadecuado, las fricciones o los apoyos desequilibrados pueden provocar dolores, irritaciones, callos, durezas o sensación de cansancio. Una rutina sencilla, que se realiza por la noche, permite mantener mejor el bienestar de los pies e identificar antes ciertos signos de alerta.
Dolor localizado, molestias al caminar, engrosamiento de la piel. Los callos en los pies y en los dedos son motivos frecuentes de consulta en el mostrador. Aunque los pacientes suelen restarles importancia, son sin embargo el reflejo de un conflicto mecánico repetido: roces dentro del calzado, presiones excesivas, deformaciones del pie, hallux valgus, dedos en garra o incluso el uso de calzado inadecuado.